Cuando surgió la idea de escribir un blog lleno de mis experiencias como mamá, el primer tema en que pensé fue este. Siento, con total seguridad, que este hecho marcó mi vida y marco mi forma de ser mamá. Sé que si no hubiera pasado por esto, no sería la mamá que soy ahora, no vería la maternidad como la veo ahora.

Mi idea al contar mis experiencias, es mostrar todo tal cual es, con su lado negativo y positivo. Pero lamentablemente, a veces en el mundo de las mamás o de las que están esperando a sus bebés, no todo resulta ser felicidad plena.

Tenía 21 años, Manu y yo estábamos casados ya y vivíamos por su trabajo en Francia. Como les he contado muchas veces, yo siempre quise ser mamá, y finalmente lo convencí y decidimos empezar a buscar un bebé. No tardé mucho en quedar embarazada. Tenía tanta ilusión en mi. Estaba segura que sería una niña, y que sería la mas amada y esperada en el mundo.

Si, era joven e inmadura, pero una de las certezas que tenía en mi vida era que quería ser mamá. Así que la mañana de otoño, en mi casa francesa junto a Manu, y se marcaron dos rayitas en la prueba de embarazo, fui la mas feliz del mundo. Quisimos comprobarlo con un análisis de sangre, y estaba tan ilusionada, que fue la primera vez en que no peso mi pánico a la agujas y sentí el pinchazo más hermoso del mundo.

Como toda mami en espera, que siente una ilusión enorme, miraba a los niños con ternura y solo entraba a tiendas de ropa infantil. Tenía miedo y dudas, pero la felicidad no cabía en mi. Jamás paso por mi cabeza que esa felicidad duraría tan poco.

Un mes después, sentí algo después del almuerzo. Además del dolor que sentía en el vientre que era bastante fuerte, sentía un miedo enorme, el miedo que da cuando sientes que te pueden arrebatar lo que más quieres.

Fuimos a la clínica y el trato fue espantoso. Es horrible cuando los médicos tratan al que para ti es tu bebe hermoso, como un embrión en formación y que como no cumple los tres meses no es importante. Para mi era importante, no me importaba si tenia 1 , 2 o 3 meses… para mi era el bebé que siempre quise, al que le busque nombre, al que amaba con mi alma.

Me hicieron una ecografía y lo primero que me dijeron era que no veían nada, seguramente porque mi bebé no se había formado bien. Exigí otra, yo estaba segura que ahí estaba, yo lo sentía. Me indicaron reposo absoluto en la casa y medicinas para el dolor.

Yo, les juro, no me moví. Al día siguiente me hicieron otra ecografía, y escuche su latidos, rápidos, fuertes. En ese momento, el ecógrafo me dijo algo en francés, claro. No se si fue lo que exactamente me dijo, pero se que fue Dios quien hablo por el y fue de esa frase de la que después me agarre para seguir adelante: “Confía en Dios, si el decide que tiene que nacer, así será; pero si no, él y la naturaleza harán lo suyo”.

Y así fue, Dios y la naturaleza hicieron lo suyo. Esa tarde ya en casa, mi bebé se fue. Fuera del dolor físico de un aborto espontáneo, el dolor del alma es el que se demoró en pasar. Lloré y lloré mucho. Sé que para Manu también fue difícil, pero yo de manera egoísta me encerré en mi dolor. Me pregunté una y mil veces por qué? si yo lo deseaba, si lo amaba, por que a mi? porqué a mi me lo quitan, si hay muchas mujeres que no merecen ser mamás?

Tuvieron que pasar muchísimos años para que esas preguntas encontrarán respuestas por si solas. Ahora se que todo pasó por algo.

En silencio y sin compartirlo con nadie, inclusive sin decírselo a mi esposo, no hay día en que no piense en ese bebé. No hay noche en que no piense como hubiera sido su cara, si hubiera sido hombre o mujer (aunque yo siento que era la niña que siempre quise), no hay vez en la que vea a jugar a mis enanos y no piense en ese bebé. Tendría 6 años.

Sé que Dios puso ese embarazo en mi vida para cambiarme, y aunque tal vez paso más tiempo del que el mismo Dios hubiera querido, se que de alguna manera aprendí a vivir con eso y a canalizarlo de la mejor manera. Pasaron exactamente 3 años y 4 meses desde ese fatal día, cuando vi los ojos de mi hijo mayor.

Se que no hubiera sentido lo mismo si no hubiera existido ese embarazo y esa pérdida. Estoy segura. Se que Dios puso a ese bebé e hizo que se fuera tan rápido para crear a una Sara nueva después de eso. Tal vez solo no era el momento, y ese angelito vino a darme una cuota extra de fuerza para afrontar la vida. Vino a cambiarme y a abrir el camino para que recibiera con más amor a sus hermanitos.

Duele? Si. Sientes que te sacan una parte de ti que no regresa más. Pero es una prueba que te da Dios para enseñarte algo. A todas nos enseñará algo distinto, y solo el tiempo les dará esa lección.

Solo les puedo decir que tengan mucha fe, en Dios o lo que crean, lloren… lloren lo que quieran y hagan el duelo como puedas, si el tiempo cura, el tiempo sana, pero no te quita la memoria. Siempre se recuerda, siempre se imagina, y siempre se cae en Como hubiera sido? La clave está en poder canalizar ese dolor, y aprender a vivir en que fuiste una escogida por ese angelito…mirar al cielo y vivir con la esperanza en que habrá algún momento en el que se volverán a encontrar.

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