Siempre pensé y dije que el día, muy lejano según yo, en el que te fueras, una gran parte de mi, sino toda, se iría contigo.

Siempre pensé y sentí que nunca más reiría y que nunca más disfrutaría algo o a alguien.

Pensé que no saldría de la cama, que las cosas perderían color y sentido.

Hoy han pasado dos años, y a pesar que no haya un solo día, ni momento, ni situación, en la que no te extrañe y que no piense en que harías, como reaccionarías o que dirías; puedo decir que desde que te fuiste y desde que no te veo, ni te abrazo, ni siento tu pecho respirar, ni tu corazón latir, ni tus ojos hermosos y picaros mirarme, he aprendido a vivir.

Si, suena bastante contradictorio, pero aun sin estar físicamente, sigues enseñándome. Sigues ayudándome a vivir, y a vivir bien. No puedo negarte que hay días en los que el cielo, mi cielo, está bastante gris.

Te extraño tanto que me duelen los huesos. Hay días que respirar me duele, y aunque respiro profundo y trato de seguir, siento muy claro como avanzo por inercia.

Fuiste demasiado bueno, demasiado padre, demasiado amigo, demasiado todo… es imposible no extrañarte ni necesitarte.

Si, me enseñaste y me dijiste que tenía que ser fuerte; que era así, tu tenías que irte primero, me diste las rutas, las coordenadas para seguir sin ti, pero hay días en los que me siento una huérfana desamparada que necesita un abrazo, tu abrazo, solo el tuyo.

Hay muchos momentos en los que necesito tu consejo, tu palabra, tu risa, tus pasos de baile caminando hacia mi, con cara de “no pasa nada” aunque pase mucho.

Sé que todo tu corres por mis venas, pero que rabia que vayas tan rápido  y no pueda alcanzarte. Sé que debo ser fuerte, que debo ser quien consuele y abrace para aliviar el dolor que dejaste al irte, pero mientras pongo una sonrisa y suelto una frase motivadora para que te recuerden sonriendo y sin dolor, siento que se me quedan sin aire los pulmones, siento que me quiebro a pedacitos por dentro.

He sentido envidia por cada mujer o niña que veo abrazada a papá, por cada abuelo que juega con sus nietos, por cada mujer que baila con su papá. Pero también he sentido alivio cada que te veo en mis sueños, que hablo contigo, que veo tus señales o que te veo en Valentino.

Han pasado dos años y aunque sienta en el alma tu ausencia física, siento orgullo de mi misma por haberte dicho todo siempre, por haber aprovechado el tiempo contigo, por nunca haber pasado mas de doce horas sin decirte un te quiero, sin mandarte besos, sin abrazos.

Te fuiste sabiendo que eras el hombre de mi vida, mi ejemplo, mi guía. Te fuiste y no fue necesario decirte gracias, perdón o te amos que no pude decirte en nuestros 29 años juntos.

Sé que estabas orgulloso, se que sigues estando orgulloso y se que me ves, me sonríes y me cuidas cada paso.

Te fuiste, y sin saberlo me enseñaste a vivir. Pasaron los meses de tu ultimo minuto conmigo , y luego de secarme las lagrimas, me enseñaste a levantarme, a vivir de verdad. Me diste la mayor lección de todas, vivir a mi manera, haciendo lo que me hiciera feliz.

Me enseñas, aún sin estar, a disfrutar el cielo, a ver los colores en su totalidad, a disfrutar el amanecer, el mar, el cielo, el sol. Me enseñas a disfrutar cada minuto que me regala Dios, porque aunque nunca se pase la tristeza de no tenerte, se que si vivo cada segundo a fondo, llegará el día en que juntos disfrutemos mirando para atrás.

Hoy tu guitarra esta quieta, se extraña el eco de tu risa en la casa, tu música no suena, tus manías están en mi, tus mapas están guardados, tu perfume intacto, tu voz late conmigo, tus consejos los empleo, tus abrazos los tengo tatuados, tus besos bigotudos los siento, tus manos las recuerdo, tus ojos los veo en Valentino, pero todo tú, vives en mi y lo harás hasta el ultimo segundo de mi vida.

Hoy sé, que aunque tenga días en que mis lagrimas duelan, serán mas los días en los que te recuerde feliz. Ya no le reclamo a la vida porque nos robó tiempo, sino le agradezco porque me regalo 29 años con el mejor hombre del mundo.

Vives en mi, caminas conmigo, me sigues ayudando a crecer, a ser mejor. Tus nietos te nombran a diario, no hay segundo en el que no te tenga en la punta de la lengua, no hay noche en la que no te abra la ventana y te pida entrar en mis sueños.

Y no hay un solo momento en el que no mire al cielo y te imagine ahí, parado en el arco iris, nuestro arco iris, preparando todo para cuando llegue el momento en el que sea mi turno, en el que tenga que despedirme de acá y vaya corriendo a buscarte en algún lugar del arco iris. donde los problemas se mezclan con gotas de limón y donde estés, mi primer gran amor, esperándome.

 

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