La llegada del príncipe azul!

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Si alguien me hubiera dicho que tendría un hijo hombre, jamás le hubiera creído. Si me hubieran dicho que serían dos, menos!

Siempre quise ser mamá, desde niña. Era de esas enanas que tratan a sus muñecas como si tuvieran vida. Recuerdo pasar horas pensando en los nombres que le pondría a mis hijas. Crecí con mi hermana, vivíamos nadando entre muñecas, barbies, peluches, paredes rosadas y tazas de té. Íbamos creciendo y todo eso cambió por maquillaje, vestidos y peinados. Siempre mujeres, rodeada de mujeres. Tal ves por eso, no se me cruzó nunca criar varones.

Cuando me enteré que en mi panza crecía un gordo hermoso, no sentí decepción. Sentí miedo! De repente, me sentía con cierta experiencia para poder criar a una niña, podía usar mis propias vivencias, las de mi hermana. Pero un niño? Saltaron todas las dudas, miedos y preguntas sobre como sería tener a un enanito en la casa. Pensaba desde como y con que jugaríamos, hasta como le enseñaría a hacer pipí.

Finalmente el día llegó, y nació mi bebé: Facundo. Llegué a mi cita a ciegas y me encontré con el, el Príncipe.

Los días con el fueron impredecibles. Cambiarle el pañal era una aventura… era raro limpiar un pipí, pero además, Facu tenía la linda costumbre de bañarme en orín! Desde esos primeros días me di cuenta que vivir y guiar a un hombre no iba a ser cosa muy fácil!

1 año y 10 meses después llegó Salvador! Y, aunque, ya tenía la experiencia del hermano mayor, comprendí lo que me dijeron muchas veces, Los hijos son completamente diferentes!

Tener un hijo hombre, y se que varias mamis me darán la razón, es una caja de sorpresas. Estos enanitos, suelen dejarnos sin reacción muchas veces, sobretodo con sus inesperadas reacciones. La obsesión que tienen por los deportes y por explorar sin medir, muchas veces, las consecuencias de ser tan intrépidos.

Para educar y enseñarles a nuestros niños, no podemos recurrir a nuestra memoria y vivencias de la infancia, porque por mas pequeños que sean, los hombres tienen una estructura emocional distinta, he ahí donde muchas veces nos vemos vulnerables ante ellos. Después de cierto tiempo, me di cuenta que tener a dos niños en mi vida, no solo era para ser yo la que enseñara, sino también para ser yo la que aprendiera. Y que aprendemos las mamás criando hombres?

Los días no paran de estar llenos de aventuras, acción, deportes y mucha imaginación! Comenzamos a descubrir que revolcarse por el piso llega a ser divertido. Que si tratamos de ver mas allá, podemos ver los arcos imaginarios, los aviones muy grandes, y podemos volar con solo pensarlo. Sin patear al aire, luchar con una espada y ganar un partido, no pueden ir a dormir tranquilos y satisfechos.

Verlos jugar con su papá, me hace entender el porque la amistad y la complicidad entre hombres es tan grande, tan única. Porque, para ellos es tan fácil socializar y reírse de cualquier cosa, a la que nosotras no le encontremos mucho sentido.

Ahora entiendo la palabra “Practicidad” en toda la extensión. Vestirse es simple, peinarse es rápido, bañarse dura 5 minutos y secarse el pelo es muy rápido y sencillo. La suciedad es algo muy común, el aire libre es lo mejor, orinar es fácil y sencillo. Para ellos, todo se arregla con una sonrisa, “por favor mami” (Con la carita mas tierna del mundo!), un ataque de abrazos y besos y un te amo. Total saben que tienen a mamá comprada.

Se que, conforme siga pasando el tiempo, criar a mis dos hijos me llenará de mas sorpresas y mas lecciones, pero de lo que si estoy muy segura, es que el amor que tienen los hijos hombres por su mamá, esta impreso en sus almas; y si se guiarlos y alimentar ese amor, estaré formando dos hombres que serán adorados por sus futuras esposas. Y a mi, me quedará la enorme satisfacción de haber conocido el verdadero significado de esta frase tan usada: Ya llegará tu príncipe azul… y Dios me mando dos!!!

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