Habían pasado casi 8 años desde que no estábamos solos unos días.

No nos acordábamos que era hacer mucho sin grandes planes, dormir sin preocupaciones, despertar sin alarmas ni tomar sol sin problemas. Menos lo que era bañarnos sin apuros, cenar a cualquier hora, y comer la comida caliente; ni mucho menos disfrutar de una chela helada al pie de la piscina.

Nos demoramos mucho en decidirlo. Primero pensamos en 6 días, luego, 5, luego la culpa nos gritaba que fueran 4. Pensamos en destinos fuera del país, pero nuevamente las dudas y la culpa, si culpa, nos hacían desistir. Necesitábamos a gritos horas y días solos, pero el sentirnos “malos padres” pesaba un poco más.

Una noche, decididos, compramos un paquete de 3 días a Paracas. Un hotel lindo, comida rica y días de relajo.

Es suerte, y bendición, tener una mamá que nos apoyó e incentivo a esto. Y fue ella quien se quedó con nuestros hijos, sí, con los tres. No hay muchas mamás así, lo sé. Soy lecheraza.

Esos 3 días de relajo se convirtieron en días intensos de tours, deportes de aventura y comidas riquísimas que nos hicieron regresar rodando a la habitación.

Noche de Spa, champagne y besos, muchos besos. Teníamos que llegar a ese momento y a esa “mini luna de miel” para darnos cuenta cuanto necesitábamos estar solos.

Los extrañamos, sí claro. Nos costó salir de la casa, también. Pero regresamos recargados, llenos de amor y con más ganas de disfrutarlos.

Aquí les dejo algunos tips para disfrutar al máximo, dejar de lado la culpa y escaparse:

Planificar sin hacerlo tanto.

Resulta más económico sacar pasajes o reservas de hotel con tiempo, sí. Y está perfecto planear el viaje, pero les aconsejo no planificar nada más. Con los hijos no podemos lanzarnos mucho a la aventura, es hora de hacerlo. Aprovechen en hacer cosas que no pueden hacer con los chiquis.

Duerman pero no tanto.

Cuando nos convertimos en papás soñamos con dormir, pero las escapadas no son para eso. Aprovechen en disfrutar, caminar, amanecer y relajarse pero sin desaprovechar los momentos.

Dejar las culpas en casa.

No te hace menos mamá o menos papá pedir y soñar con un viaje así. Nos agotamos, necesitamos respiros y descansos. No es tan cierto que los papás no tenemos vacaciones, alguna vez podremos.

La verdad por delante.

¿Cómo manejamos el tema con los niños? Con amor y con la verdad. No importa la edad, hablemos con ellos siempre. Explicarles donde estaremos, porque tomamos la decisión y cuando regresaremos. Contarles con quien se quedarán e indicarle a esa persona que puede ser mas permisiva en cuanto a juegos, comidas, etc. No es malcriarlos ni manipularlos, es engreírlos.

Disfrutar, disfrutar mucho.

Reencontrarse como pareja es un gran regalo. Hacer el amor sin un horario en particular, besarse y tratarse como recién casados y mirarse de nuevo, no tiene precio y bien vale la pena. Hagan cosas que no pueden hacer con los hijos, vuelvan a ser chicos irresponsables.

Solo me queda decirles, y animarlas, a que se escapen. Si no es a otra ciudad, puede ser a un hotel, un día de playa, una noche solos en casa… Pero vale la pena, muchísimo.

Un beso,

Sara.

 

 

 

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