Etimológicamente, DUELO viene de la palabra duellumcombate y dolus – dolor. Y no, está no es una clase de vocabulario o de etimología. Esto es para entendernos un poco mas. El duelo, entonces, es una reacción frente a la pérdida de algo, tangible o no, significativo para nosotros. ¿Podríamos hablar de duelo en la maternidad?

Definitivamente si. Yo siento, después de casi 7 años de mamá y 3 hijos, que el duelo está pasando. Aunque, como en toda pérdida, por ratos regresa a joder un rato. Pérdida? Si, leíste bien, pérdida. Que perdí al convertirme en mamá para hablar de un “duelo”? A mi.

El duelo de la maternidad

No es puerperio, ni depresión post parto. No se si lo pasé o no, no tuve tiempo ni ganas de enterarme. Pero no me refiero a eso. Me refiero a lo que algunas, muchas o todas, pasamos y no nos atrevemos a gritar. (De hecho escribir de esto, tampoco es fácil)

Les escribo sobre el duelo por la que fui y por la que no volveré a ser.

Probablemente, a estas alturas estés pensando en que soy una mala madre, o peor aún… que he vendido humo todo este tiempo y que no soy tan feliz como me proclamo. Lo soy, y mucho créanme. Pero lo soy más desde hace algún tiempo. Disfruto más, amo más y me rio más (de mi misma casi siempre) desde que descubrí, con nombre, apellido y apodo, lo que había pasado dentro mío y empecé a reconciliarme conmigo misma.

La que fui.

Mirarme al espejo después de ser mamá y compararme, inevitablemente, con mi yo anterior fue chocante. Suene banal o no, encontrar marcas, estrías, cicatrices, redondeces y carnes extras por doquier no fue divertido. Volteaba a la derecha y veía dormir con una paz a mi nuevo amor, mi extensión, mi príncipe azul. Pero al reflejo del espejo, era el que me había cambiado por completo y no me daba el respiro para procesarlo y aceptarlo. Al mirar a mi lado izquierdo veía, con carteles de neón dándome la bienvenida, a la baja autoestima, los reproches, las depresiones, las frustraciones y demás.

Luego, en mi caso claro, llegó otro y luego otro. Mi vida paró. Ya no era la modelo de 19 años que conoció al amor de su vida en avión. Ya no era la tripulante sexy en tacos y boca roja que caminaba segura de si misma por el aeropuerto hasta su avión. Ahora me sentía la gordita, nada sexy, despeinada y sin tiempo, pero sobretodo ganas, de bañarme y arreglarme. Ahora me sentaba con cojín tapándome la panza, encorvada y con ropa ancha para disimular mis carnes caribeñas.

No me sentía útil, no me sentía capaz. Por un lado me sentía plena, tenía lo que siempre quise: amor, familia, hijos. Pero, como procesar que lo que tanto quise, me estaba quitando una gran parte de mi? Tiempo. Hay que notarlo, llorarlo, gritarlo y aceptarlo.

No estás loca! Esto pasa. No eres una marciana, todas lo sentimos. Date cuenta que algo está mal, nótalo y acéptalo. No eres mala madre, no quieres menos a tus hijos por querer salir corriendo. No está mal extrañarte, querer ser la de antes. Envidiar a tu amiga que sigue regia y levantando en las discotecas. Es normal y viene dentro del paquete al convertirte en mamá aunque nadie te lo diga.

Con lo que más una lucha es con decirlo. A quién se lo podríamos decir? Que vergüenza  Pensarán que soy frívola. Sonará a que me arrepentí y quedaré como una basura de madre. A mi esposo? pensará que estoy loca. Créeme que siempre habrá alguna loca como tú para entenderte. y sino, estás tu. Escríbelo, grítatelo al espejo, llóralo. Pero sácalo.

Acéptalo. Si esperabas que te diga que serás igual, regresaras a tu 28 de pantalón y tendrás el mismo tiempo, NEXT. Si crees que ya crecerá y todo volverá a ser como antes, NEXT. Serás madre para siempre. Podrán ser enormes y ya no vivir contigo, pero seguirás durmiendo mal pensando: A qué hora regresará! Podrás hacer el viaje o ir a la fiesta que tanto quisiste y solo pensarás en ellos: si están bien, si no te extrañarán. Este duelo terminará el día en que de corazón, aceptes que  ahora tienes una vida nueva. Llena de magia, si. Pero también llena de nuevas cosas a las que tendrás que amar para ser feliz.

La que no volveremos a ser

La perdimos. La chica que caminaba sabiéndose rica, ya fue y no volverá. Como la perdimos y la enterramos junto a la placenta, toca llorarla, extrañarla, recordarla y aprender a vivir con ella en los recuerdos. Tendrás que aprender a sentirte “rica de nuevo” con un bebé en brazos, con dos tallas más de pantalón y sin tener tiempo de arreglarte.

Cuesta? Si y mucho. No es fácil dejar ir a alguien, menos si eres tu. No es fácil sentir que ahora tu vida es manejada por un individuo que no habla y que no llega ni al metro de estatura, pero que maneja tus horarios, tu cuarto, tu ropa y tu vida. Hoy queda aceptar que ya no somos las dueñas de nuestras vidas, sino que debemos compartirlas. Ahora somos “la mamá de”.

Para pasar este “duelo” debemos entender que aunque queramos ya nada será lo mismo. Hay que aprender a amar nuestra nueva condición. Hay que bailar al ritmo del “Chuchuwa” sin parar. Y aunque nuestro nuevo refugio sea el baño, sepamos que este dolor en el pecho pasará. se sobrevive y se puede ser extremadamente feliz con todo lo nuevo.

No está mal sentir arrepentimiento o cuestionarse. No eres mala por desear ser la de antes, lleva tiempo pero aprenderás a recordarla con cariño y créeme que con ganas de decirle: disfruta, estás pasando tus buenos años, pero lo que viene, difícil o no, es felicidad de la buena.

Algún consejo: Paciencia y buen humor. No estás sola, todas nos sentimos así. Pero, estás pasando una etapa. No volverás a ser la de antes, ni física ni emocionalmente. Tal vez te cuesten años prender la luz mientras haces el amor o te cuesten años amarte nuevamente. Pero cuando le encuentres el gusto, te sentirás completa: Eres mujer, pero también eres mamá. Si se puede ser las dos en una.

 

Un beso,

Sara.

 

 

1 COMENTARIO

  1. Qué difícil es este duelo… Dejar partir a tu otro yo, ése, seguro de sí mismo, irónico, todopoderoso, invulnerable, brillante…

    Espero con todo mi corazón que esta tristeza infinita que hoy experimento, pase rápido, que se diluya este dolor entre las risas que me regala mi pequeña y mis lágrimas y ansiedad constante…

    Gracias por escribir este precioso y muy acertado artículo. Besos.

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