Hay renuncias en la maternidad.

Leo mucho de como se relacionan la maternidad y la renuncia. Escucho mucho decir: “Uy, al convertirte en mamá renuncias a ti, a tu vida, a tu pareja, etc.” 

Hace unos días me detuve a pensar, y lo hice mucho. Y ahora, frente a la pantalla, puedo sentirme con la paz de poder decirles que me siento muy poco identificada con eso.

Sé, y siento, que mi vida cambió en 180 grados cuando me convertí en mamá. Cambió todo, lo viví, lo disfruté y también lo lloré. Y mi vida cambio muchísimo más, cuando un día me levanté y tenía a tres niños dependiendo totalmente de mí.

Aún sé que “lo más bravo” de la maternidad, en mi caso, tiene para rato. Hay menos espacio, menos tiempo y, a veces, pocas ganas y paciencia. En resumen, hay menos de todo. Pero hay mucho más de otras cosas, también. Pasas de ser la protagonista de tu vida a la última rueda del coche.

Pero, a pesar de todo lo que he escrito más arriba que puede contradecir lo que pienso, para mi convertirme en mamá no fue RENUNCIAR a nada. No renuncié ni a mí, ni a mi carrera, ni a mis independencia, ni a mi matrimonio, ni, mucho menos, a mis sueños ni proyectos.

Ser ésta “Mamá Gallina”, a veces renegona, a veces (siempre) cansada, chocha, orgullosa y dedicada a ellos, fue mi total y entera feliz decisión.

Elegí hacer variaciones a mis sueños e incluirlos a ellos. Decidí levantarme de madrugada para que me acaricien unas manos enanitas y caliientes a modo de agradecimiento por ir al rescate. Elegí ser la mujer maravilla que corre ante un mal sueño ahuyentando con abrazos a los monstruos que amenazan con salir del closet.

Elegí convertirme en cantante de cuna y dar conciertos desde una mecedora. Elegí cambiar mis tardes por películas, odiosas tareas y abrazos sin fin. Elegí que ellos interrumpan un beso entre su papá y yo, y hacer de un momento de a dos, uno de a cinco.

Elegí ser ésta imperfecta mamá, llena de errores, metidas de pata e impulsos. Que a veces grita, que a veces quiere salir corriendo, que se cansa, que pide pizza para no cocinar, que planea un viaje sola y termina cotizando con niños.

Elegí ser “La mamá de” que luego de un día agotador y malo, se acerca a verlos dormir y les promete en silencio, que mañana será mejor. Que lo intentaré. Que no renuncié a nada y que no hay segundo en que no agradezca ser su MAMÁ.

Porque cuando se ama de una manera tan incondicional, como una mamá lo sabe hacer… no se renuncia, se gana. 

 

 

Un beso,

Sara.

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