Bienvenida Ilhana!

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Cuando iba a ser mamá por primera vez pensaba en muchas cosas. Estaba feliz, llena de vida, alegría, plenitud… pero también cargada de miedos, sensaciones raras. Estaba sumergida en una aventura sin sentirme completamente segura, inclusive me sentí muchas veces desprotegida por mi mismo miedo a lo nuevo que vendría.

Normalmente estos sentimientos, se pueden compartir con tu esposo o pareja, cosa que hice claro. Mi esposo estuvo conmigo en todo momento, acompañándome en todo. Pero uno necesita versión femenina, alguien como una mamá. Yo tenía a mi mami viviendo en otro país, y a pesar que existían las magnificas tecnologías, la necesite mucho.

El día mas esperado pero también mas temido llego. Facu tenía que llegar al mundo y yo no sabía ni como cambiar un pañal, en mi vida había bañado a un bebé. Estaba aterrada con todas las cosas, que a modo de consejo me habían dicho. No dormirás, no comerás, no volverás a ser tu. Si, podrían ser dichas con muy buena intención, pero terminaron aterrándome.

Mis primeras horas de mamá, mis primeros días en la clínica, aunque sin mis papis que era lo que mas podría necesitar en ese momento, estuve siempre acompañada por ella. Y así pasaron los días mas difíciles. Aprendí a cambiar pañales, preparar biberones, bañar al bebé, recuperarme de la operación… siempre con ella al lado. Si Manuel viajaba, ella estaba. Me ayudó a escoger la ropa, estuvo en nuestras primeras salidas.

Cuido a mi gordo con un amor único. Era una bebé para nosotros… en verdad era una chica recién universitaria de 17 años, pero para nosotros era nuestra bebé, nuestra pequeña hermanita. La hermanita más chiquita que me regalo mi esposo, uno de sus mejores regalos por cierto.

Esa “chiquita” me ayudo a ser mamá. Sin saberlo, ni ella ni yo. Fue mi apoyo… poco a poco se volvió en mi ayuda para cuidar a Facu. Luego en mi confidente en uno que otro problema. Y entre risas y mas risas, pañales y reflujos del gordo, se volvió esencial en mi vida.

Hoy esa bebé, esa chiquita, ese ser que llego cual ángel a cuidarnos, es mamá. Y sé que puede tener ese miedo que tuve yo, esa mezcla de sensaciones, esa alegría acompañada de angustia de lo que le espera después de traer al mundo a la princesa de la casa. Hoy se, con seguridad, que mientras que me ayudaba, se descubría su lado maternal y que será una gran mamá, la mejor para esa gordita que llega a ocupar mi lado de madre de una niña, que la naturaleza no me permitió cumplir.

Hoy sé y estoy muy segura, que le dará esas lecciones de fortaleza a su hija, la misma fortaleza y entereza con la que manejo su llegada. Ilhana tendrá a una mamá madura, segura y fuerte, que le dará todas las armas para ser una luz como ella. Estará llena de bondad, nobleza y desprendimiento. Llena de amor, porque fue echa con amor y esperada por todos. Porque es un milagro, y los milagros no se buscan, no se anuncian, solo llegan.

Hoy solo me queda decirte, hermana de la vida, de familia o de lo que sea que sea esto, que estoy muy orgullosa de ti. De como afrontas la vida, los problemas, y de como recibes a tu hija. Estoy orgullosa de saber escoger a un buen papá, y de tenerte en mi vida y en la de mis hijos. Que estoy feliz que, sin querer, las dos compartimos panzas en algún momento. Que traemos al mundo a dos primos que se adorarán y compartirán aventuras juntos. Estoy feliz que nuestra chiquita, se convierte en una mamá, una gran mamá

Bienvenida Princesa y Bienvenida a la maternidad hermana!

Un beso,

Sara

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