Valentino

“Y Dios le dijo a su ángel: Llegarás a llenar de esperanza el corazón de esa mamá. A ella, que ahora no ve con claridad las cosas, que está triste, que siente que ha perdido parte de su luz. Tu misión es llenarle los días de ternura, es ser su consuelo, su refugio y su respuesta. En ti, ella sentirá la alegría perdida y que la vida y Yo le devolvemos algo que creía haber perdido”

Había pasado menos de un año, 9 meses y medio para ser exactos, de la partida de mi papi. Junto a él, se había ido una gran parte de mi. Si no hubiera tenido a mis hijos mayores, mi reacción hubiera sido distinta. En ellos tenía dos enormes motivos para pararme de la cama y seguir adelante, pero eso no significaba que me sintiera igual.

Pero, según creo y siento que pasó, Dios tenía ya escrito algo para mi. Mientras yo trataba de recuperarme del golpe más fuerte de mi vida, el estaba alistando a su mejor ángel para mandarlo a mi. Y así, a pesar del miedo e incertidumbre que sentí al enterarme de su llegada, ese bendito 14 de enero de 2016 cuando una prueba casera a través de sus dos rayitas me mostraban que estabas en mi panza, empezó a cambiarme la vida, de nuevo.

Yo ya sabía que era ser mamá, yo ya había sentido el amor profundo y como se sentía volver a nacer. Pero nunca imaginé, como un ser al que ni siquiera le conocía la cara, iba a ir llenando mi corazón de un sentimiento que creía olvidado: Esperanza.

Pasaron muchas cosas en las 38 semanas que estuvo en mi vientre. Miedos nuevos, cambios, mudanzas, creer que era “ella” y no el, amenazas de aborto, contracciones… pero ahí crecías, ahí se iba definiendo ese pelo rubio, esos ojos llenos de luz, esas manitos tibias, esas piernas que me iban reventando las costillas y esa sonrisa conquistadora que llenaría nuestros días para siempre.

Legó el gran día, y lo primero que pensaba mientras esperaba verte la cara, era saber si te parecías a él. Si Dios me había escuchado y estaba mandando una parte de mi papi en ti. Pero me equivoque. Al verte, al escuchar tu llanto, sentir tu respiración; ver tu mirada curiosa al mundo, las sonrisas que me regalaste desde el primer día, tus manos acariciando mi pecho mientras te alimentaba y ese sentimiento que no cabía en mi… me di cuenta que Dios me había mandado a alguien más que especial.

Te convertirías en alguien capaz de llenarme de fuerzas inagotables. Serías mi escudo, pero también mi espada para enfrentar los problemas. Ibas a ser mi cable al cielo. Iba a encontrar a ese hombre de mi vida en tus ojos, pero también verme reflejada a mi en tu mirada. Ibas a tener la capacidad de abrazarme con fuerza aunque tus manos fueran muy pequeñas.

Hoy ha pasado un año. Doce meses que han ido muy rápido. Hoy caminas, y cada vez dependes menos de mi. Hoy decides, exploras, descubres y progresas. Hoy me dices mamá y me llenas los oídos. Hoy te celebro y agradezco por las dosis de paciencia que me das, por enseñarme tanto, por llegar a mi.

Hoy te agradezco por consolarme, por llenarnos de sonrisas. Por sacar a diario el lado mas tierno de tu papi, el instinto de protección de tus hermanos. Por sacarle, nuevamente, sonrisas perdidas a mi mami y a mi hermana. Por llegar a devolvernos “eso” que perdimos.

Gracias por mirarme así, por esa sonrisa, por esa frescura, por ese poder. Gracias por necesitarme, por ayudarme, por levantarme. Gracias por cada día, cada noche, cada muestra de amor.

Gracias por llegar a mi, por haber aceptado ese pedido que te hizo Dios y venir a este loco y caótico mundo para ser el “pedazo de cielo en la tierra” que necesitábamos todos los que te amamos y bendecimos tu vida hoy.

Feliz primer año mi vida chiquitita!

Mamá

 

 

 

 

2 COMENTARIOS

  1. Feliz cumple para ese angelito. No hay duda que Dios nos manda ángeles. Mi hija menor también llegó en un momento de tristeza, cuando había perdido a mi abuelita. Yo ya sabía que estaba embarazada y mi abuelita ya estaba mal. Pensé que resistiría para conocer a su bisnieta pero no fue así. Ella partió a finales de mayo de ese año y en diciembre nació mi pequeña que fue la heredera de su nombre.
    Te felicito y sé cómo te sientes, también perdí a mi papá hace un año….. es un dolor profundo y lo único que me ha hecho levantarme han sido mis hijos.
    Un beso

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